miércoles, 28 de febrero de 2007

El

El es como un ángel para mi.
Está conmigo día y noche, está conmigo y no me conoce.
Le conocí hará un año, yo estaba sola, perdida y entonces le vi. Se paró el mundo, se paró el tiempo, le miré pero el no notó mi presencia. A pesar de que todo estaba oscuro, el me lo iluminó todo, no se dio cuenta, eso es lo peor.
El no me conoce pero yo le adoro, le mimo y le toco, no lo noto, me ahogo y me siento sumisa de mi desespero cuando no le veo ni le pienso.
Cuando sueño le veo, pero tampoco me mira, y yo le observo y no me intimida.
Va de negro, va de azul e incluso a veces va de blanco. No lleva alas pero se las dibujo, el las nota porque veo su cara de dolor.
Dolor, solo dolor pero se que su alivio vendrá pronto.
Voy a conocerle, voy a despertar y voy a ir a por el, voy a buscarle.
No se donde mirar, si en los paseos al lado del mar o en las calles de la ciudad.
Me iré a las calles a mirar y buscaré hasta en la más estrecha, hasta en la mas vacía.
Buscaré también en esos paseos húmedos al lado del mar, rompiéndose las olas al paso de mi caminar. Y sé, sé que ahí le veré, sentado en un banco solitario, alumbrado por una luz tenue y anaranjada de una farola, leyendo un libro y apuntando algo en el.
Me quedaré parada mirándole, y de mi boca saldrá una pequeña sonrisa tímida que el ni apreciará. A medida que me vaya acercando a el los nervios me harán presa y cuando esté a su lado, no podré más, me sentaré a su vera y no dormiré jamás, porque no necesitaré ni imaginarle, ni soñarle ni pensarle, porque está a mi lado.

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